Obra que explora cómo las prácticas de adoración de la iglesia primitiva, especialmente en el siglo II, pueden orientar la vida litúrgica de la iglesia contemporánea. El libro analiza cómo los primeros cristianos formaban a nuevos creyentes mediante prácticas como el bautismo y la comunión, y muestra la relevancia de estos modelos para fortalecer la fe y la vida comunitaria en el contexto actual. ¿Cómo era que la iglesia instruía y adiestraba a quienes deseaban unirse a ella? ¿En qué modos el culto de la iglesia respondía al reto de formar y nutrir a aquellos creyentes que tendrían que vivir en un ambiente hostil? Hoy la iglesia se enfrenta a retos semejantes. Cada vez son más nuestros contemporáneos que saben bien poco acerca de la fe cristiana. Cuando tales personas piden unirse a la iglesia, y cuando nosotros mismos buscamos cómo ser fieles en el ambiente de hoy, la iglesia de aquellos tiempos tiene mucho que enseñarnos, particularmente en lo que se refiere al culto.